Urit,
No puedo dormir, no he podido dormir más de 2 horas desde que entramos. No puedo describirte el terror que enfrentamos cada día, veo niños mal heridos, mujeres llorando todo el tiempo. Lo más difícil es seguir avanzando. Ahora nos encontramos en lo que solía ser la casa de una familia, me siento sucio, me siento mal. Sé que a quienes les pertenece esta casa me detestan, me odian, nos odian a todos. Puedo sentir el desprecio de la misma casa. ¿Cómo esperan que durmamos aquí? puedo ver los juguetes de uno de los niños que vivían aquí. Me pregunto donde está él ahora. ¿Estará con algún familiar? ¿estará refugiado en algún lado con sus padres? ¿seguirán vivos ellos? ¿seguirá vivo él?
Nos dicen que estamos haciendo esto por la seguridad de nuestra gente. Pero esos cohetes siempre fueron tan distantes, siempre aparecían en las noticias, mostraban las casas y la gente espantada. Aquí es diferente, éstos no son los cohetes, pero tampoco es una guerra. No entiendo que es esto, no puedo ver contra quién estamos luchando. Solo veo destrucción, sufrimiento.
No entiendo esto, no entiendo nada. Me siento agradecido que Asaf no tiene que estar aquí, que el ejército lo encuentra de mayor utilidad en los laboratorios haciendo su investigación. Él está ausente de todo esto, metido en sus números, en sus fuerzas y masas, electrones y protones. No tiene que experimentar esto. Me alegro que él y tú estén seguros, y si el estar aquí evita que el conflicto se derrame para donde están ustedes vale la pena.
Son las 11:16 p.m. miro la luna y pienso en tí, sé que tú la estás mirando también en este momento. Se que estás pensando en mí, mi corazón late. Te extraño mucho, te extraño demasiado, pero eso me da vida. No podría seguir aquí sin tí, me volvería loco. Nunca entendí que hacía yo en Israel todavía, por qué no regresamos a México cuando planeamos, por que no lo hice yo antes de tener que entrar al servicio. No lo entendí hasta que te encontré. Recuerdo la noche en que hablábamos de esto, tu decías que estaba destinado a ser, que estábamos destinados a conocernos, si no hubiera sido en el mifletzel lo habría sido en un albergue en luxemburgo o en algún otro lugar aleatorio. Pero tenía que ser de este modo, tenía que ser en el mifletzel esa noche, bajo la llovisna, cuando hablamos hasta que amaneció. Tu eres la razón por la que seguí viviendo aquí, por la que aguanté el trato de esta gente. Tú, que me entiendes, entiendes los conflictos con los que paso en esta sociedad.
Esta guerra, este conflicto, esta invasión. No tienen sentido, nada tiene sentido, sólo tú, tú traes orden a mi mundo, tu eres la luz en la obscuridad. Pronto te veré, pronto nos encontraremos, debo aguantar un poco más. Te mando todo mi amor Urit, espera escuchar que toque a tu puerta. Espera escuchar mis pasos subiendo tu escalera. Espera sentir mis brazos a tu alrededor.
Amilcar

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